«Sentí que volví a jugar al tenis». Juan Martín del Potro bailaba sobre las nubes el 7 de agosto de 2016. No fue un día más. La primera rueda de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro lo encontró en plenitud: siempre le agradaron las grandes luces, los espectáculos de primera.

Se aburre en las batallas de tercera línea, se convierte en gigante en las grandes ligas. Derrota al serbio Novak Djokovic por un doble 7-6 y confirma la teoría: está de vuelta, una vez más, aunque mejor que nunca.
Ese día está marcado en su agenda como el impacto que necesitaba para volver a ser, un trampolín que supo de varias subidas y bajadas.
El serbio, uno de los grandes de la historia, lo suscribió tiempo después: «Todos sabemos de los problemas de lesiones que lo dejaron fuera del tour por dos o tres años.
Pero siempre fue un jugador Top 5, eso está a la vista de cualquiera. Incluso cuando decayó en el ranking y debió empezar de nuevo, pero todos sabíamos que él tiene la capacidad y la jerarquía para llegar, era sólo una cuestión de tiempo.
Creo que eso comenzó en Río, en los Juegos Olímpicos de 2016… Ahí empezó a jugar con más confianza.
Obviamente ha jugado de manera cada vez más consistente en los grandes torneos, eso es lo que lo llevó a ser el número 3 del mundo».







