En el Día Nacional de la Fonoaudiología, las profesionales del Hospital Escuela de Agudos Dr. Ramón Madariaga pusieron en palabras lo que hacen en silencio cada día: acompañar a pacientes que perdieron la capacidad de comunicarse o alimentarse, y devolverles esas funciones esenciales que definen la vida cotidiana. Desde el consultorio hasta la terapia intensiva, pasando por la internación y los talleres grupales de rehabilitación neurolingüística, el servicio de fonoaudiología del Madariaga opera en cuatro frentes simultáneos con un mismo horizonte: la recuperación integral del paciente.
La voz detrás de la voz
“Ser fonoaudiólogos es acompañar, rehabilitar y devolver funciones esenciales como comunicarse y alimentarse”, definió la Lic. Adriana Genes con una precisión que resume décadas de práctica clínica. En esa frase caben pacientes que sufrieron un ACV y perdieron el habla, personas con dificultades para tragar tras una cirugía, adultos mayores en terapia intensiva que necesitan recuperar el vínculo con el mundo a través de la comunicación, y niños que batallan con el lenguaje desde los primeros años.
El servicio de fonoaudiología del Madariaga no opera en un consultorio aislado. Su alcance es transversal a toda la institución y abarca cuatro áreas de intervención que pocas disciplinas pueden exhibir con esa amplitud.
Cuatro frentes, una misma misión
En consultorio, el trabajo se centra en adultos con dificultades en la deglución, el lenguaje, la voz y el habla. Es el espacio donde se evalúa, se diagnostica y se traza el plan terapéutico individual. “Acompañamos a adultos con dificultades en la deglución, lenguaje, voz y habla”, precisó la Lic. Carla Cesino, trazando el mapa de una especialidad que va mucho más allá de la corrección del habla infantil que el imaginario popular le atribuye.
En internación, la fonoaudióloga evalúa la seguridad y eficiencia de la alimentación para prevenir complicaciones como la neumonía aspirativa, una de las causas más frecuentes de deterioro en pacientes hospitalizados. Determinar si un paciente puede tragar con seguridad es una decisión clínica de alto impacto que recae en estas profesionales.
En terapia intensiva 2, la intervención alcanza su mayor complejidad. Allí, con pacientes críticos crónicos que muchas veces no pueden hablar ni alimentarse por vía oral, las fonoaudiólogas trabajan la comunicación alternativa y la rehabilitación de la deglución. Es un territorio donde la disciplina se funde con la neurología, la kinesiología y los cuidados intensivos.
Y en los talleres grupales de rehabilitación neurolingüística, el servicio construye algo menos frecuente en el sistema público: espacios colectivos de prevención, educación y recuperación compartida, donde los pacientes se acompañan entre sí bajo la guía profesional.
Una profesión que transforma
“Hoy celebramos nuestra profesión y el compromiso con cada paciente”, expresó la Lic. Genes en el cierre de su mensaje, con una sobriedad que habla de vocación más que de protocolo. La fonoaudiología es una de las disciplinas de la salud que más tarda en ser reconocida en su real dimensión, pero que toca con precisión quirúrgica dos de las funciones más humanas que existen: decir y comer.
En el Madariaga, ese trabajo ocurre todos los días, en cada piso, en cada cama, en cada sala grupal donde alguien recupera una sílaba, un sorbo o una palabra. Y eso, en términos de calidad de vida, lo cambia todo.
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