El plantel millonario sumó su tercera derrota consecutiva en el Torneo Clausura tras caer ante Rosario Central. Los hinchas estallaron en el Monumental por el flojo rendimiento de un equipo que no encuentra el rumbo táctico.
Los futbolistas de River Plate volvieron a abandonar el campo de juego bajo un clima de extrema tensión y preocupación generalizada. La derrota por 1-0 frente a Rosario Central en el Monumental profundizó la crisis futbolística de un plantel que no logra asimilar la idea de juego y sumó su tercera caída en fila en el campeonato local. Tras el pitazo final, la paciencia de la tribuna llegó a su límite y los hinchas expresaron su descontento con cánticos hacia la comisión directiva y el pedido explícito por el retorno de Ramón Díaz.
El rendimiento individual de los protagonistas reflejó el desconcierto táctico que atraviesa el ciclo de Eduardo Coudet. En el arco, Santiago Beltrán mostró algunas dudas que costaron caro. El análisis del partido evidenció el retroceso del juvenil: “Hay un principio de amesetamiento en sus presentaciones, algo lógico luego de su irrupción fenomenal en el arco”. El arquero tuvo intervenciones dubitativas y, a pesar de una gran atajada en el complemento, quedó marcado en la jugada del gol visitante.
La última línea defensiva padeció durante toda la noche las transiciones rápidas del conjunto rosarino. Gonzalo Montiel sufrió constantemente por la banda derecha ante la velocidad de Campaz, perdiendo la espalda de manera reiterada. Por su parte, la zaga central volvió a exhibir falencias estructurales que el rival aprovechó sin piedad. Lucas Martínez Quarta completó un partido deslucido y la crítica sobre su posicionamiento fue contundente: “A River le convierten muy fácil porque su primer central está siempre mal parado”.
El debutante capitán, Nicolás Otamendi, tampoco logró brindar la seguridad esperada y terminó convirtiendo en contra el único tanto del encuentro. Los analistas del juego señalaron que el defensor central “perdió más de lo que ganó con Copetti”, lo que desnudó la falta de acople con sus nuevos compañeros de zaga. A esto se sumó la improvisación en el lateral izquierdo con Lautaro Rivero, un futbolista que no siente la posición y que evidenció estar en un declive futbolístico inocultable.
Un mediocampo sin contención ni juego asociado
El sector de gestor de juego fue el reflejo más claro de la mediocridad colectiva. Fausto Vera redondeó una actuación alarmante, sin aportar en la marca ni en la distribución de la pelota. En tanto, Aníbal Moreno se mostró impreciso y apurado en su regreso tras la lesión, lejos de transformarse en el eje que necesita la estructura de Coudet. El juvenil Lautaro Pereyra fue de lo más prolijo en el inicio, pero el cuerpo técnico decidió reemplazarlo de manera llamativa en el entretiempo.
La situación de los atacantes preocupa de cara al futuro inmediato del certamen, dada la nula generación de situaciones de peligro. Facundo Colidio deambuló por el frente de ataque sin una función clara, perdido en la intrascendencia. El panorama de Rafael Borré fue todavía más preocupante, ya que completó el partido con estadísticas alarmantes para un delantero de su jerarquía: cero remates al arco y ninguna gambeta completada en los noventa minutos de juego.
El análisis sobre el planteo del entrenador fue categórico respecto a la necesidad de un golpe de timón urgente para salvar el año deportivo. Para los especialistas, el técnico debe reaccionar a tiempo: “Tiene que salir de ese doble cinco insólito, sobre todo de local, dejar volar a los pibes con paciencia y confianza”. El descontento de la gente en el hall del estadio dejó en claro que el margen de error para el cuerpo técnico se redujo al mínimo.








