Del quirófano al plato de todos los días: así acompaña Nutrición del Madariaga a los pacientes bariátricos. En el Hospital Escuela de Agudos “Dr. Ramón Madariaga”, el servicio de Nutrición presentó en un nuevo Ateneo el caso de una paciente de 40 años que, tras someterse a una cirugía bariátrica, logró descender más de 100 kilos en el transcurso de un año.
El caso, expuesto por la licenciada Mariana Duarte, sirvió para poner en primer plano un aspecto que suele quedar en las sombras del éxito quirúrgico: el seguimiento posoperatorio, sostenido mes a mes por un equipo interdisciplinario integrado por los servicios de Obesidad, Psicología y Nutrición, sin el cual —advierten los propios profesionales— ninguna cirugía garantiza por sí sola un resultado sostenible en el tiempo.
Una cifra que esconde un proceso
Los números impactan: más de 100 kilos perdidos en doce meses. Pero detrás de esa cifra hay controles periódicos, ajustes constantes y una paciente que sostuvo el tratamiento incluso cuando el cuerpo ya mostraba los resultados.
“Hoy del servicio vamos a presentar un caso de una paciente donde se realizó una cirugía bariátrica y vamos a mostrar la importancia del seguimiento de la paciente una vez operada”, planteó Duarte al abrir la presentación ante sus colegas, marcando desde el inicio que el protagonismo de la jornada no sería la cirugía en sí, sino todo lo que viene después.
La paciente, de 40 años, transitó ese proceso con controles que en un primer momento fueron mensuales. Cada consulta incluye pesaje, evaluación nutricional y un espacio para reforzar la importancia de la actividad física, tres pilares que, según explicó la nutricionista, deben sostenerse en el tiempo para que el descenso no se estanque ni se revierta.
El seguimiento, la otra mitad del tratamiento
Para el equipo de Nutrición, reducir la cirugía bariátrica a un procedimiento quirúrgico es desconocer la mitad del tratamiento. “El seguimiento de nutrición lo que consiste es hacer las consultas donde se hace el pesaje, se hace nutrición alimentaria, se le da la importancia de la actividad física y bueno, por eso es tan importante que el paciente haga esta cita todos los meses para poder ir reajustando las cosas que sean necesarias”, detalló Duarte.
Ese esquema de consultas mensuales no es estático: a medida que el paciente evoluciona favorablemente, los controles pueden espaciarse a cada dos o tres meses, siempre según la necesidad de cada caso. Pero hay un punto en el que la profesional fue enfática, y que funciona casi como advertencia para pacientes y familias: el tratamiento no termina cuando el peso se estabiliza. “Es importante tener en cuenta que el tratamiento debe continuar una vez que el paciente haya bajado del meso, debe continuar hasta que sea necesario, no debe abandonar, digamos”, subrayó, en referencia a que alcanzar el peso proyectado no habilita el abandono de los controles.
Un trabajo que no se sostiene en soledad
El caso presentado en el Ateneo funcionó también como una reivindicación del trabajo en equipo. La paciente no llegó a esos resultados solo por la intervención quirúrgica ni solo por el acompañamiento nutricional: fue la articulación entre Obesidad, Psicología y Nutrición la que sostuvo el proceso en sus distintas etapas, desde la preparación previa hasta la reeducación alimentaria posterior.
Por eso, Duarte insistió en la importancia de que todos los servicios involucrados participen activamente de estos espacios de discusión de casos. “Es importante que puedan asistir todos los servicios al Ateneo para que uno pueda saber de qué manera trabajar de manera interdisciplinaria como en estos casos de pacientes”, señaló, dejando planteado que estos encuentros no son solo una instancia de exposición académica, sino una herramienta concreta para afinar la coordinación entre especialidades frente a pacientes cuyos tratamientos exceden la incumbencia de un único servicio.
El respaldo de la Fundación Parque de la Salud
Casos como el expuesto en este Ateneo son posibles gracias al trabajo coordinado que sostiene la Fundación Parque de la Salud, cuya inversión en tecnología calificada y en el fortalecimiento de equipos interdisciplinarios acompaña de manera directa la calidad de la atención en el Hospital Madariaga.
La Fundación PARSAL no solo respalda los procedimientos de mayor complejidad, como las cirugías bariátricas, sino que sostiene también la infraestructura y los recursos que permiten el seguimiento continuo de los pacientes, garantizando que cada intervención tenga detrás un sistema capaz de acompañar sus resultados en el tiempo. Ese compromiso con la actualización tecnológica y la formación de equipos especializados consolida al Parque de la Salud como un ecosistema sanitario donde la innovación y el trabajo interdisciplinario van de la mano.
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