Ocho años del IMC, del papel de una ley a los ensayos clínicos que hoy corren en 19 países.
Este 3 de septiembre el Instituto Misionero del Cáncer (IMC) cumplió ocho años de trabajo ininterrumpido en Posadas, y lo celebró con la segunda edición de la Expo-Feria y Festival “Vida y expresión en el proceso oncológico”, en la Explanada de la Cascada de la Costanera. Pero detrás de la fecha hay un recorrido que empezó mucho antes de la inauguración: la idea del instituto se había gestado más de trece años atrás, impulsada legislativamente por la Cámara de Representantes, hasta convertirse en un centro público capaz de certificar protocolos de investigación al mismo nivel que Europa, Estados Unidos y Asia.
Una génesis legislativa y una apuesta sanitaria
El IMC nació formalmente por ley provincial, con el objetivo declarado de trabajar en la prevención y la detección temprana del cáncer para reducir su morbimortalidad en Misiones, y quedó bajo la órbita de la Fundación Parque de la Salud “Dr. Ramón Madariaga”. Abrió sus puertas en 2018 y, apenas tres años después, ya sumaba una residencia de oncología clínica activa desde 2015, una de las pocas del país, a la que se agregó más adelante la primera residencia de radioterapia en la historia de la provincia.
El crecimiento se puede seguir en números
En 2021 el instituto atendía cerca de 800 pacientes nuevos por año; en 2024, ya con seis años de funcionamiento, ofrecía más de 200 prestaciones diarias con un equipo de 50 profesionales. Hoy, en su octavo aniversario, ese equipo creció a 63 personas entre oncólogos, enfermería, farmacia, admisión, hotelería, servicio social, nutrición, kinesiología y psicología, según detalló la oncóloga clínica Soledad Barbereau.
La enfermedad oncológica en Misiones tiene, además, una marca de género que el propio instituto identificó en sus estadísticas: el cáncer de mama y los tumores ginecológicos no mamarios concentran la mayor parte de los casos atendidos, con alrededor de 120 nuevos diagnósticos de mama y 140 de cuello uterino por año.
De la atención a la producción de ciencia
El salto que distingue a estos últimos años es el paso de la asistencia a la investigación propia. El IMC certificó durante años sus normas ISO y sometió a su equipo de profesionales a auditorías internacionales para poder alojar ensayos clínicos con estándares globales.
Ese trabajo permitió que en 2026 arrancara el primer protocolo de investigación oncológica internacional desarrollado en Misiones: un estudio multicéntrico en 19 países de Europa, América y Asia, dirigido a pacientes con cáncer de cuello uterino en estadio avanzado, que combina el tratamiento estándar con un componente experimental.
La directora del IMC, Dra. Marcela Kober, lo resumió como la posibilidad de investigar junto a los pacientes para beneficiarlos directamente a ellos.
El coordinador de Investigación del Parque de la Salud y el IMC, Lic. Edgardo Salvatierra, describió el camino recorrido para llegar hasta ahí: validar y certificar protocolos, currículas del personal, el área de investigación, farmacia, enfermería y el laboratorio propio, hasta alcanzar niveles comparables a escala mundial. No es una autopercepción institucional, subrayó, sino el resultado de auditorías internacionales externas que controlan cada paso.
Ese proceso tuvo, además, un espaldarazo científico de peso: el investigador del CONICET Gabriel Rabinovich, uno de los inmunólogos y oncólogos argentinos más consultados internacionalmente, visitó el IMC para la inauguración de su nuevo Laboratorio de Investigación Traslacional, dirigido por Salvatierra, y confirmó la incorporación de un citómetro de flujo que amplía la capacidad diagnóstica y de investigación del centro. Rabinovich calificó al modelo misionero como un ejemplo para el país.
El factor humano, el capital que no se compra
Si hay un punto en el que coinciden todas las voces del instituto es que la tecnología sola no explica estos ocho años. Rabinovich fue categórico al respecto: sostuvo que los recursos humanos están en primer lugar, porque equipamiento hay en muchos institutos del mundo, y que en materia de oncólogos, enfermeros, radioterapistas y especialistas en imágenes, Misiones no tiene nada que envidiarle a los centros oncológicos más importantes del planeta.
Esa valoración no es aislada: en visitas anteriores ya había descrito al sistema de salud misionero como un ecosistema donde conviven diagnóstico, tratamiento, formación y ciencia aplicada, integrando al Parque de la Salud, el Hospital Madariaga, el Banco de Sangre y la Universidad Nacional de Misiones.
La formación de ese capital humano es, de hecho, una política explícita del instituto: el IMC trabaja en conjunto con el Instituto Flemming de Buenos Aires para la formación de sus profesionales, y sostiene desde 2015 una residencia de oncología clínica a la que se sumó la primera residencia de radioterapia de la historia provincial.
A eso se agrega una dimensión menos clínica pero igual de humana: desde 2022, un convenio con el Ministerio de Cultura transformó la sala de espera del instituto en una sala de arte rotativa, y desde el año pasado la Expo-Feria “Vida y expresión en el proceso oncológico” abrió un espacio donde pacientes y exsobrevivientes pueden mostrar sus historias, habilidades y expresiones más allá del diagnóstico.
El rol estratégico de la Fundación Parque de la Salud
Nada de este recorrido se entiende sin la Fundación Parque de la Salud, que funciona como el nodo institucional detrás de cada avance del IMC. Es la fundación la que articula las inversiones en infraestructura tecnológica, gestiona los estándares de calidad que permitieron certificar al instituto como sitio habilitado para ensayos clínicos internacionales, y coordina el trabajo conjunto con el Hospital Escuela de Agudos “Dr. Ramón Madariaga”, el laboratorio, la farmacia, enfermería y el área de investigación.
Esa articulación fue la que en los últimos años permitió sumar equipamiento de alta complejidad, como el citómetro de flujo y el PET/TC, y ahora el Laboratorio de Investigación Traslacional, consolidando a la fundación como el motor que conecta la capacidad científica local con los estándares de la investigación biomédica global. Ocho años después de su creación por ley, el IMC ya no solo atiende: produce ciencia propia, con nombre y apellido misionero, para su gente.








