Septiembre se pinta de amarillo: la palabra como primera barrera contra el suicidio. En la Guardia de Emergencias del Hospital Escuela de Agudos «Dr. Ramón Madariaga» los números cuentan una historia que preocupa y a la vez interpela: en el último año se registraron 539 consultas relacionadas con ideación o conductas autolíticas, un dato que se suma a una realidad nacional donde el suicidio ya es una de las principales causas de muerte entre los 15 y los 34 años, por encima de los accidentes de tránsito y otras muertes violentas.
Cada septiembre, el color amarillo se instala en campañas, remeras y carteles como símbolo de vida, acompañamiento y esperanza, en el marco de la campaña internacional de prevención del suicidio. Desde el Servicio de Salud Mental del Madariaga, las licenciadas Micaela Schmid y Romina Boretto coinciden en algo esencial: hablar de este tema, lejos de ser un riesgo, es en sí mismo un acto de prevención.
El color que rompe el silencio
«¿Sabés por qué septiembre se viste de amarillo?», pregunta Schmid, y ella misma responde que el color remite simbólicamente a la vida, al acompañamiento y a la esperanza, ejes de la campaña que busca visibilizar y prevenir el suicidio. Para la profesional, poder poner en palabras lo que se siente y abrir espacios de diálogo constituye una forma concreta de cuidado. No se trata de un mensaje abstracto: detrás de la consigna hay una guardia hospitalaria que, día tras día, recibe a personas que atraviesan distintos niveles de sufrimiento psíquico.
Una guardia que multiplica sus voces
Aunque la mayor demanda proviene de adolescentes y jóvenes, Schmid remarca que a la Guardia de Emergencias también llegan personas de otros grupos de edad, lo que confirma que el suicidio «se trata de una problemática que atraviesa muchas etapas vitales».
De los 539 ingresos registrados en el último año, los cuadros presentados fueron heterogéneos: desde pacientes que llegan con pensamientos o ideas de muerte, hasta quienes atraviesan conductas autolíticas de moderada a grave intensidad. Esa diversidad clínica exige, según el equipo, respuestas igualmente diversas y sostenidas en el tiempo.
Un sufrimiento que busca terminar, no la muerte en sí misma
Romina Boretto aporta una distinción que atraviesa toda la lectura clínica del fenómeno: «muchas veces una persona no está buscando morir con un fin en sí mismo, sino que está intentando terminar con un sufrimiento que se le ha convertido insostenible».
Por eso, explica, el suicidio es un fenómeno complejo y multicausal, donde interactúan el estado emocional y psíquico de la persona, su historia personal, las situaciones familiares, experiencias de violencia, pérdidas, aislamiento, discriminación y problemas económicos. Ninguna variable actúa sola; todas se entrelazan en una trama que rara vez es visible a primera vista.
Las señales que no hay que dejar pasar
La licenciada insiste en que no existe una única señal de alerta, pero sí patrones que conviene observar: el aislamiento social repentino, la pérdida de interés por actividades cotidianas, los cambios bruscos de ánimo o en la apariencia física, las referencias frecuentes a la muerte, los pensamientos de autolesión y frases que se repiten como «mi vida no tiene sentido», «soy una carga» o «no encuentro la salida».
Reconocer esos indicios, sostiene Boretto, es una responsabilidad que excede el consultorio: «la prevención no ocurre únicamente adentro de un consultorio o de un hospital. Ocurre cuando un amigo pregunta, cuando un familiar escucha, cuando un docente o compañero de trabajo registra un cambio».
Hablar es prevenir
Para el equipo de Salud Mental, hablar de suicidio no equivale a hablar solo de muerte: implica romper con el estigma del silencio y habilitar el acompañamiento de quien atraviesa una crisis. La escucha activa, la pregunta sincera, el acompañamiento sin juzgar y la orientación hacia un equipo profesional aparecen como las herramientas más concretas al alcance de cualquiera. El mensaje final del servicio resume el espíritu de la campaña de septiembre: «no estás solo, pedí ayuda».
La Fundación Parque de la Salud: tecnología y coordinación al servicio de la salud mental
Detrás de cada consulta atendida en la Guardia de Emergencias del Madariaga hay una estructura que sostiene y potencia ese trabajo clínico: la Fundación Parque de la Salud, cuyo rol coordinado en la inversión de tecnología calificada resulta clave para que servicios como el de Salud Mental puedan responder con celeridad y calidad ante la creciente demanda.
La articulación entre el hospital y la Fundación permite no solo equipar espacios de atención, sino también acompañar procesos de formación continua para los equipos profesionales, en línea con un modelo de salud pública que integra infraestructura, tecnología y capital humano especializado. En ese entramado, la prevención del suicidio deja de ser una tarea aislada de un servicio puntual y se convierte en una política institucional sostenida, donde cada inversión tecnológica y cada programa de capacitación repercute directamente en la calidad del acompañamiento que recibe quien más lo necesita.








