Proeza, hazaña, gesta, epopeya… Cualquiera de estos términos sirven para describir lo que consiguió Tigre en el Kempes de Córdoba ante Boca.

Por eso festejan y se abrazan los jugadores en el campo de juego tras el pitazo de Pitana. Lloran, se desploman en el césped del estadio mundialista. Gritan, vivan, saltan. No se quieren ir. Lloran los hinchas en la tribuna Daniel Willington y en la platea Ardiles. Lloran por un equipo de fútbol, pero porque este logro es mucho más.
Tigre empezó a soñar a principios de este 2019 con la salvación, con lograr la permanencia en Primera. No lo consiguió. Unas semanas después, duplicó la apuesta y empezó a soñar otra vez. Un sueño utópico. Imposible. Algo que nunca había hecho otro equipo tras descender de categoría. Tigre es el campeón de la Copa de la Superliga. El menos pensado. El que más soñó. El más justo.
En el arranque del partido, con dos sistemas tácticos similares, fue Boca el que empezó a dominar el juego, con tenencia de pelota y llegadas. Trabajó bien la salida, con los centrales abiertos, los laterales adelantados, Campuzano de salida. Atento Tevez y eléctrico Villa (Moiraghi le tapó justo un remate de gol). Montillo y Morales no podían tener la pelota y entonces Tigre no podía generar peligro.
Como buena final, empezó calienta. Y fueron los jugadores de buen pie los que fallaron en la marca. Montillo le pegó abajo a Buffarini y se salvó de la amarilla. Tevez, de atrás a Menossi y Pitana sacó la primera amarilla.
Tuvo el Matador, después de los 10 minutos, un córner desde la izquierda de Montillo y por detrás de todos apareció Alcoba y el arquero Andrada logró salvar la situación. Después, hubo dos momentos clave para la suerte de Boca y del partido, a los 14 y 15 minutos respectiva. Primero, Zárate le dio un gran pase a Benedetto, Pipa acomodó bárbaro la pelota, le ganó en velocidad a Moiraghi y el remate dio en el palo izquierdo de Marinelli. Después, se fue Villa por derecha y el tiro del colombiano lo salvó en dos tiempos Marinelli.







