Durante casi tres décadas, la fotógrafa Deanna Dikeman documentó un tierno ritual familiar: sus padres de pie en la entrada, despidiéndose con la mano mientras ella se iba.
Lo que comenzó en 1991 como una forma de aliviar el dolor de la despedida se convirtió en un diario visual íntimo de amor, tiempo y pérdida. Después de que su padre falleciera en 2009, su madre continuó con la costumbre; sus saludos se volvían aún más conmovedores con cada visita.
Cuando su madre se mudó más tarde a una residencia asistida, las despedidas se hicieron en una puerta en lugar de en la entrada. En 2017, tras la muerte de su madre, Dikeman capturó la imagen final de la serie: una entrada vacía, una despedida silenciosa de sus padres y de los años que habían compartido en ese espacio.








