El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea comenzó a aplicarse con expectativas de crecimiento. Especialistas proyectan un fuerte aumento exportador, aunque advierten sobre exigencias clave.
Desde el viernes 1° de mayo comenzó a regir el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, un entendimiento que introduce una reducción progresiva de aranceles, cuotas preferenciales y un marco normativo orientado a fomentar inversiones. La entrada en vigencia marca un punto de inflexión en la inserción internacional de Argentina, con impacto directo en el comercio exterior.
Las proyecciones iniciales reflejan un escenario de expansión significativa. Según estimaciones de la consultora Abeceb, las exportaciones argentinas hacia Europa podrían crecer cerca de un 80% hacia 2030, pasando de unos US$8.500 millones actuales a más de US$15.100 millones. Este incremento se sustenta en la posibilidad de ampliar la participación argentina en el mercado europeo, que podría pasar del 0,3% al 0,5%.
Sin embargo, el nuevo escenario no está exento de desafíos. Especialistas advierten que el aprovechamiento de estas oportunidades dependerá de la capacidad de las empresas para adaptarse a estándares más exigentes. Esto implica revisar procesos productivos, garantizar trazabilidad, cumplir reglas de origen y fortalecer la logística, además de anticipar inversiones estratégicas.
Exigencias y sectores con oportunidades
El impacto del acuerdo varía según el sector productivo. En el caso del maní, Argentina cuenta con ventajas competitivas claras, ya que es el principal exportador mundial y dispone de infraestructura para expandir su oferta. En otros rubros, como la soja, la principal barrera está vinculada a las exigencias de trazabilidad impuestas por la Unión Europea.
En carnes, el límite lo marca la cantidad de frigoríficos habilitados para exportar al bloque, mientras que en vinos el acceso está condicionado por requisitos de precio mínimo. A su vez, la industria autopartista enfrenta el desafío de reconvertirse para cumplir con reglas de origen, un proceso que requiere tiempo y planificación.
Desde la Cámara de Exportadores valoraron el acuerdo como un avance hacia la normalización del comercio exterior argentino, aunque advirtieron que su impacto podría verse condicionado por factores como cuotas limitadas, posibles salvaguardas europeas y barreras no arancelarias.
Inversiones y efecto en la economía
El acuerdo también abre un escenario relevante en materia de inversiones. Actualmente, la Unión Europea representa el 40% de la inversión extranjera directa en Argentina. A partir del nuevo marco, se proyecta una mejora en el flujo de capitales, con estimaciones de entre US$15.000 millones y US$20.000 millones adicionales entre 2026 y 2030.
Este crecimiento estaría impulsado por una mayor previsibilidad y reducción del riesgo país, lo que podría elevar la tasa de expansión de inversiones por encima de los niveles actuales. En ese contexto, el stock total de inversión extranjera podría superar los US$90.000 millones en los próximos años.
Desde distintos sectores coinciden en que el acuerdo abre oportunidades concretas, pero también exige una transformación estructural. La capacidad de adaptación del sector productivo será clave para capitalizar un escenario que promete más exportaciones, mayor competencia y un nuevo posicionamiento internacional para la Argentina.








