En el primer semestre de 2026 ingresaron al país casi 2,9 millones de turistas extranjeros, apenas por encima del registro del mismo período de 2025. La cifra representa una caída del 54% frente a los casi 6,3 millones contabilizados en los primeros seis meses de 2023. Desde el sector atribuyen el desplome, principalmente, a la pérdida de competitividad cambiaria y al elevado costo en dólares de los servicios turísticos.
Argentina recibió menos de la mitad de turistas extranjeros que en 2023
El turismo internacional receptivo profundizó su caída en Argentina durante los últimos años. En el primer semestre de 2026 ingresaron al país casi 2,9 millones de turistas extranjeros, según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), un registro que se ubicó apenas por encima del mismo período del año anterior, pero que quedó 54% por debajo de los casi 6,3 millones contabilizados en el primer semestre de 2023.
La comparación permite dimensionar el retroceso de la actividad. Mientras 2023 y 2024 todavía se mantuvieron dentro de parámetros similares a los observados durante la década anterior, la caída más pronunciada se produjo en 2025 y se extendió durante 2026. El comportamiento coincidió con un escenario de pérdida de competitividad de Argentina frente a otros destinos de la región.
Desde el sector turístico señalaron al esquema cambiario como uno de los principales factores detrás de la contracción. La apreciación relativa del peso frente al dólar encareció los bienes y servicios argentinos medidos en moneda estadounidense y redujo el atractivo del país para los visitantes extranjeros.
Un país más caro en dólares
La pérdida de competitividad resulta particularmente visible frente a otros destinos sudamericanos. Brasil, uno de los principales competidores de Argentina en materia turística, presenta actualmente una relación de precios más favorable para los visitantes internacionales, mientras que el costo de permanecer en Argentina se incrementó en términos relativos.
Un indicador utilizado para reflejar esa distorsión es el índice Big Mac, elaborado por la revista británica The Economist. El indicador compara el precio de una hamburguesa en distintos países para estimar el grado de sobrevaluación o subvaluación de sus monedas.
En 2025, el peso argentino llegó a ubicarse como la moneda más sobrevaluada entre las más de 50 contempladas por el índice. La última actualización, publicada la semana pasada, ubicó a Argentina en el puesto 14 entre las monedas más sobrevaluadas cuando se incorpora la relación con el Producto Bruto Interno (PBI) per cápita.
Esta metodología busca corregir las diferencias de ingresos entre países para ofrecer una aproximación más precisa al poder adquisitivo. Bajo ese criterio, el peso argentino aparece con una sobrevaluación del 19% frente al dólar, mientras que el real brasileño registra una subvaluación del 6%.
La diferencia contribuye a explicar por qué Argentina perdió competitividad frente a otros destinos de la región. Para un turista extranjero, el costo de alojamiento, gastronomía, transporte y otros servicios adquiere un peso cada vez mayor a la hora de definir el destino.
Argentina perdió posiciones en Sudamérica
El retroceso también quedó reflejado en los rankings internacionales. Según los datos del Barómetro de Turismo Mundial de ONU Turismo, Argentina se ubicó entre los países que registraron las mayores caídas del turismo receptivo durante los últimos años.
El descenso fue de tal magnitud que, en 2025, Argentina perdió el liderazgo regional en materia de turismo internacional y pasó a ocupar el cuarto lugar en Sudamérica, detrás de Brasil, Colombia y Chile.
El dato adquiere mayor relevancia porque Argentina había mantenido durante años una posición destacada dentro del mapa turístico sudamericano. La pérdida de visitantes extranjeros no solo afecta a los establecimientos dedicados específicamente al turismo, sino que también impacta sobre la gastronomía, el transporte, el comercio y las economías regionales vinculadas a la actividad.
Los registros oficiales muestran que la contracción no respondió a un fenómeno puntual. La comparación de los últimos años evidencia un cambio de tendencia que se hizo especialmente visible a partir de 2025, cuando el país comenzó a resultar progresivamente más caro para los visitantes internacionales.
La presión sobre los costos
La cuestión cambiaria no es el único factor señalado por el sector privado. Los prestadores también advierten sobre la estructura de costos que deben afrontar las empresas argentinas, particularmente por la presión impositiva y el costo de los servicios.
En una reciente entrevista, el expresidente de la Cámara Argentina de Turismo, Aldo Elías, sostuvo que Argentina enfrenta problemas de competitividad en sus actividades económicas y vinculó esa situación con la elevada presión impositiva que afrontan los prestadores.
El dirigente también cuestionó las devaluaciones como mecanismo para recuperar competitividad. Según planteó, una corrección cambiaria puede favorecer temporalmente la llegada de turistas extranjeros, pero genera efectos negativos sobre la economía doméstica.
La advertencia apunta a una de las dificultades estructurales del turismo argentino: la necesidad de mantener precios competitivos para el visitante internacional sin trasladar el costo de esa competitividad a una pérdida del poder adquisitivo interno.
El costo de viajar también pesa
A este escenario se suma el precio de los servicios aéreos. De acuerdo con un relevamiento realizado por la Cámara Argentina de Turismo, las tarifas elevadas de los vuelos constituyen otro de los obstáculos para el crecimiento del turismo receptivo.
El costo de llegar al país se incorpora directamente al presupuesto que debe afrontar un visitante extranjero y puede inclinar la decisión hacia destinos alternativos de la región.
En ese contexto, Argentina enfrenta una combinación de factores que deterioraron su posición frente a los principales mercados turísticos sudamericanos: un peso relativamente apreciado, precios elevados en dólares, presión sobre los costos de los prestadores y tarifas aéreas que encarecen el ingreso al país.
El resultado se refleja en las estadísticas del INDEC. En apenas tres años, el país pasó de recibir casi 6,3 millones de turistas extranjeros durante el primer semestre de 2023 a menos de 2,9 millones en igual período de 2026.
La recuperación del turismo internacional, por lo tanto, aparece vinculada no solo a la evolución de la demanda externa, sino también a la capacidad de Argentina para recuperar competitividad frente a destinos que ofrecen alternativas más accesibles para los viajeros internacionales.








