El seleccionado Sub 17 se quedaba afuera del Sudamericano de Lima. Lejos, también, del Mundial. Le ganaba a Brasil por 2 a 0, necesitaba un gol más para seguir en carrera. Iba. Una y otra vez. Con alma y vida. Dispuso de tres, cuatro, cinco situaciones claras.

Pablo Aimar fue un crack de pantalones cortos. Un número de 10 de los de antes, mágico, elegante. Fuera de escena, siempre prefirió el bajo perfil, el otro lado de la luna. Y ahora, como conductor del seleccionado Sub 17, se convirtió en docente. Su trabajo va más allá de victorias y derrotas, de tácticas y estrategias. Le enseña el camino a un grupo de jóvenes, con valores que excede el campo de juego.
Su liderazgo es indispensable, ahora mismo, cuando los chicos acaban de avanzar a la etapa decisiva del Sudamericano. Debía ganar por tres goles de diferencia. Y lo logró. Un hermoso milagro. Sueña con el Mundial justamente de Brasil, en noviembre próximo; el certamen otorga 4 plazas. Rumbo al título sudamericano, siguen Uruguay, Paraguay y, desde anoche, la Argentina.
Hubiese sido un castigo mayúsculo para un grupo de jugadores que ensayan un juego prolijo, audaz. Las canchas de césped sintético le jugaron, de a ratos, una mala pasada, más allá de que esa dificultad afecta a todas las delegaciones. Los chicos se hicieron grandes.

Matías Godoy, de penal, abrió el marcador y Matías Palacios, desde afuera del área, selló el 2 a 0. En todo momento, la Argentina fue superior. Tuvo la pelota, la ambición, la cabeza. Brasil fue un actor secundario de lujo. Durante buena parte del segundo tiempo, el equipo nacional tuvo un jugador más, por la expulsión de Diego. La pelota, al final, le dio la razón a la Argentina.
En los otros encuentros, la Argentina perdió por 3 a 0 con Uruguay, superó a Colombia por 2 a 1 y empató 2 a 2 contra Paraguay, que superó a primera hora por 1 a 0 a Colombia.

Pablo Aimar es la cabeza, Diego Placente es su ladero. Pero el pensamiento es el mismo: la dignidad más allá de las desventuras. Son chicos, al fin de cuentas. Lejos están de los desatinos de los mayores. Los que visten su misma camiseta. «Perdimos 3-0 contra Uruguay y los chicos fueron a saludar a sus rivales. No tengo claro que eso tenga incidencia dentro del campo, pero sí afuera y al final ellos son futbolistas dos horas por día y el resto son personas», es una de las frases de Aimar.
No es la única. «Cultivar valores en los chicos es muy importante en esta etapa. No sé si influye en el juego, pero sí en la vida», suele contar. Los chicos, al final, se abrazaron con sus familiares, colgados del alambrado. La emoción ganó por goleada.
El 1 a 0 de Argentina (Godoy, de penal)
El 2-0 de Argentina (Palacios)
El 3-0 de Argentina (Amione)
Un festejo para recordar siempre









